Por Andrea Ruffinelli, profesora de Educación Diferencial, doctora en Ciencias de la Educación.
Esta semana se ha conocido la propuesta gubernamental de eliminación de programas educativos, en el marco de los recortes presupuestarios en Educación. El Ministro de Hacienda ha justificado estas decisiones en evaluaciones de resultados de los programas que se pretende descontinuar. Sin duda evaluar para tomar decisiones es imprescindible, disponer de datos y de su análisis a la luz de la teoría, que debe ser utilizada para definir los problemas, su abordaje, criterios evaluativos e indicadores de logro. Es preciso en este punto aclarar que los criterios evaluativos nunca son neutros. El gobierno ha optado, en esta oportunidad, por justificar el fin de la entrega de computadores a estudiantes de 7 básico del sistema con financiamiento público en su incidencia no significativa en el aprendizaje (medido en el rendimiento escolar, notas, Simce) de las y los beneficiados. Esta decisión da cuenta de una comprensión estrecha, restringida de la política y los resultados a esperar.
Cuando se identifica un problema de política pública, los sistemas reaccionan creando o modificando cuerpos legales que pueden operacionalizarse en programas como ‘Yo elijo mi PC’. Este programa no surge como una herramienta para mejorar el rendimiento escolar, cuestión de suyo reduccionista, que da cuenta de una comprensión instrumental y no informada acerca de cómo se construyen de manera plausible las hipótesis científicas, cómo se testean e interpretan de manera sustantiva, basándose en teoría y evidencia, para la toma de decisiones de política. El programa ‘Yo elijo mi PC’ surge como decisión de política de Estado en un marco amplio de políticas compensatorias orientadas desde un principio de igualdad de oportunidades de acceso y aprovechamiento educativo, independientemente de las condiciones que ofrezca el entorno familiar y social de nuestros estudiantes, apuntando a equiparar las oportunidades de los grupos menos privilegiados. Esto, respaldado por investigación científica realizada en Chile y el mundo, gracias al financiamiento de investigación educativa, que ofrece evidencia robusta acerca del modo en que políticas como ‘Yo elijo mi PC’ impacta en las trayectorias educativas de los estudiantes a mediano y largo plazo. Esto habla de la necesidad de usar el termómetro apropiado, que sin duda no son los resultados de evaluaciones de aprendizaje de corto plazo, desde una perspectiva lineal, y que difícilmente pueden tener una explicación unicausal, aislando la variable computador.
Finalmente, parece importante considerar que, aún si los resultados -debidamente definidos como esperables- de la implementación de una política o programa no son los esperados, siempre cabe preguntarse primero si la explicación está en el diseño, implementación de la política y/o en la forma en que se miden los resultados de su implementación. Y no perder de vista que el problema que originó la política no desaparece cuando hay malos resultados, y se precisa evaluar si el problema sigue estando vigente y requiriendo abordaje. Pero por sobre todo, parece indispensable insistir en la necesidad de un círculo virtuoso y riguroso de diseño, implementación y evaluación de políticas sustentadas en evidencia investigativa robusta y sustantiva, utilizando criterios apropiados, entre los que indicadores como los resultados de aprendizaje resultan absolutamente insuficientes para el diseño y la evaluación de un programa de política pública de esta naturaleza, amplitud y complejidad.





