El poeta y cantautor compartió con estudiantes de Pedagogía en Castellano y Comunicación de la FECSH una íntima conversación sobre literatura, música, memoria y creación, en el marco del IV Festival de Poesía Guido Eytel.
Hay encuentros académicos que entregan conocimientos y otros que dejan preguntas. El que Mauricio Redolés sostuvo con estudiantes de Pedagogía en Castellano y Comunicación de la Universidad de La Frontera tuvo mucho de ambos, pero sobre todo abrió un espacio para comprender que detrás de un poema puede existir una vida entera y que la literatura, en determinadas circunstancias, puede convertirse en refugio, memoria, resistencia y una manera de seguir siendo humano.
El reconocido poeta y cantautor llegó hasta la Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades (FECSH) en el marco de su visita a Temuco para participar en el IV Festival de Poesía Guido Eytel. El encuentro, organizado por CIILET y el Departamento de Lengua, Literatura y Comunicación UFRO, estuvo especialmente dirigido a quienes se están formando para ser profesores y profesoras de Lengua y Literatura.
¿Qué lugar tiene hoy la poesía?
La pregunta apareció desde el comienzo. El director de Pedagogía en Castellano y Comunicación, Marcelo Navarro, planteó: “Este tipo de instancia reviste una particular significación para una carrera como la nuestra, que se propone la tarea de formar a profesores con un conocimiento disciplinar de la literatura, pero también con una sensibilidad estética para apreciarla, para valorarla y para enseñarla”, señaló.
Navarro invitó a los estudiantes a conversar e interpelar al poeta y dejó instalada una interrogante especialmente significativa: cuál es el sentido y el lugar de la poesía “en un momento tan extraño como el que nos toca vivir hoy día”, incluso desde una escritura que pareciera enfrentarse a escenarios cada vez más deshumanizados.
La conversación encontró precisamente allí uno de sus sentidos más profundos.
Una poesía que nunca quiso quedarse encerrada en la página
La presentación de Redolés estuvo a cargo de la poetisa y académica FECSH Carla Llamunao, quien recorrió una trayectoria en la que poesía y música no funcionan como mundos separados. En su obra conviven la canción, la calle, la conversación, la memoria, el humor, el cuerpo, la crítica política y una lengua que desafía las fronteras tradicionalmente impuestas a lo poético.
“Presentar a Mauricio Redolés es de alguna manera presentar una de las voces más singulares, incómodas y libres de la poesía chilena contemporánea”, expresó, destacando que en su obra la poesía “nunca ha querido permanecer confinada a la página”: necesita decirse, cantarse, conversar con la calle y mezclarse con la música.
Esa mirada permitió acercarse también a una característica esencial de su escritura: la incorporación de aquello que durante mucho tiempo pareció quedar fuera del lenguaje considerado “poético”. En Redolés entra el garabato, pero también entra la calle, la conversación y la experiencia de quienes habitualmente quedan al margen.
Porque su poesía, como se recordó durante el encuentro, carga también con una historia social.
Cuando cantar fue una manera de permanecer humano
Uno de los momentos más significativos de la conversación llegó al recorrer los orígenes de su trayectoria artística. Redolés comenzó a cantar en 1975, mientras estaba preso en la cárcel de Valparaíso. Allí interpretaba canciones para sus compañeros, en circunstancias marcadas por la prisión y la violencia política.
En aquella experiencia apareció la canción como algo más que música: como una forma de comunidad y, en palabras de la presentación realizada durante el encuentro, como “una manera de permanecer humano”.
Décadas después, frente a jóvenes que se preparan para enseñar literatura, Redolés volvió sobre aquellos años y relató cómo la escritura fue adquiriendo otro significado durante su prisión.
Recordó que ya escribía antes de ser detenido y que inicialmente se inclinaba principalmente por la narrativa. Pero estando encarcelado ocurrió algo inesperado: “Y un día, sin querer, queriendo, escribí un poema”, relató.
La sensación posterior quedó grabada en su memoria: se sintió “más liviano, como más leve, con menos angustia”. Sus primeros versos decían: “Vagar entre planetas y moscas”. Desde la experiencia extrema de la cárcel, la poesía parecía ofrecer una forma distinta de situarse frente al mundo y frente a sí mismo.
“Lo que te roba la cárcel es el tiempo”
Redolés compartió además una reflexión que llevó la conversación desde la literatura hacia una dimensión profundamente humana. “Lo que te roba la cárcel, lo que hace la cárcel, es robarte el tiempo. Te roban el tiempo. Te roban tu tiempo. Te quitan tu tiempo”, expresó.
Años después, cuando realizó talleres en distintas cárceles, escuchó a los propios internos utilizar la expresión “hacer tiempo”. Para el poeta, aquella forma de nombrar la experiencia encerraba una paradoja poderosa: quienes están privados de libertad hablan de “hacer” precisamente aquello que la cárcel les quita.
Así, frente a estudiantes que en el futuro tendrán la tarea de acercar a nuevas generaciones a los libros, la conversación permitió mirar la literatura no solamente como un objeto de estudio, sino como una experiencia capaz de acompañar los momentos más difíciles de una existencia.
Volver a la UFRO para “cerrar un ciclo e iniciar uno nuevo”
Para Redolés, regresar a la Universidad de La Frontera tampoco fue indiferente. Contó que había estado varias veces en Temuco y que volver, esta vez gracias al Festival Guido Eytel y para encontrarse con el mundo académico y estudiantes de pedagogía, representaba algo especial.
“Llegar nuevamente a la Universidad de La Frontera es como cerrar un ciclo e iniciar uno nuevo”, expresó.
Pero Redolés no llegó solamente con historias. También quiso dejar algo concreto para quienes vendrán después.
Durante el encuentro anunció la donación de distintas publicaciones para la biblioteca de la carrera o de la Universidad, entre ellas El estilo de mis matemáticas, una de las antologías más completas de su obra; Chilean Speech; una recopilación de actuaciones realizada al cumplirse 50 años desde aquella primera presentación en la cárcel de Valparaíso, y una antología de Roque Dalton de la que realizó la edición y el prólogo.
Los libros quedaron así como una prolongación material de la conversación: nuevas generaciones de estudiantes podrán encontrarse con una obra que, durante la jornada, pudieron escuchar directamente desde la voz de su autor.
La literatura como oficio, escudo y barricada
Entre recuerdos, humor y literatura, Redolés también habló de los autores que fueron construyendo su vocación. Recordó a Julio Cortázar, Nicanor Parra, Pablo Neruda y Federico García Lorca, entre otros, pero situó a Carlos Droguett en un lugar decisivo de su formación.
Fue la lectura de Patas de perro, cuando tenía 17 o 18 años, la que le hizo pensar por primera vez: “Esto es lo que yo tengo que hacer, escribir”. Con los años, aquella intuición se transformaría en algo mucho más profundo. Redolés describió la literatura como una suerte de “oficio, de escudo, de barricada contra el mundo”.
Quizás allí estuvo una de las ideas esenciales de la jornada. Para quienes se preparan para enseñar literatura, encontrarse con un autor no significó únicamente conocer su obra o reconstruir su trayectoria. Significó escuchar de primera fuente cómo las palabras pueden atravesar una vida, acompañarla en sus momentos más dolorosos, guardar su memoria y transformarse, finalmente, en una manera de mirar y habitar el mundo.
En una tarde de lluvia en la UFRO, Mauricio Redolés habló con futuros profesores y profesoras sobre poesía, pero terminó hablando también de aquello que la vuelve necesaria: la memoria, el dolor, el humor, la ternura, la libertad y esa persistente necesidad humana de encontrar palabras cuando parece que ya no alcanzan.
Glenda Merino Matus, Comunicaciones FECSH





