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Jornadas UFRO abrieron nuevas miradas sobre el papel de las emociones en los procesos revolucionarios de Chile y Argentina

El encuentro reunió a investigadoras nacionales e internacionales para analizar cómo la indignación, el amor, el miedo, el odio y otros afectos también formaron parte de las experiencias políticas y militantes de las décadas de 1960 y 1970.

¿Qué papel tuvieron las emociones en las decisiones de quienes abrazaron proyectos revolucionarios en Chile y Argentina? Esa fue una de las preguntas centrales de las Segundas Jornadas “Emociones y Revolución en la historia reciente de Chile y Argentina”, desarrolladas en la Universidad de La Frontera y encabezadas por la Dra. María Olga Ruiz, académica de la línea de Historia del Departamento de Ciencias Sociales UFRO.

La actividad se realizó en el marco del proyecto Fondecyt Regular N.º 1251704, “Temblar de indignación ante la injusticia. Emociones y revolución en la Argentina y Chile en las décadas del sesenta y setenta del siglo XX”, liderado por Ruiz y orientado a estudiar una dimensión menos explorada de la historia política reciente: la experiencia emocional de la militancia revolucionaria.

“Nos interesa pensar el lugar de las emociones en la política y en los procesos políticos, y pensar las organizaciones como espacios donde existieron repertorios emocionales y guiones emocionales que hay que rastrear e historizar, pero también como comunidades de afectos”, explicó la investigadora.

Un encuentro internacional

Las jornadas contaron con la participación de María Bjerg, de la Universidad Nacional de Quilmes-CONICET, Argentina; Vera Carnovale, de la Universidad Nacional de San Martín, CONICET-CEDINCI, Argentina; y Yosa Vidal, de la University of Oregon, Estados Unidos.

También participaron Mariana Labarca, de la Universidad de Santiago de Chile; Mariana Perry, de la Universidad San Sebastián, sede Valdivia; y las coinvestigadoras Javiera Söcares, de la Universidad Autónoma de Chile, sede Temuco, y Tamara Díaz, de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

El programa contempló un coloquio, talleres de investigadoras e investigadores y espacios de discusión. Para Ruiz, uno de los principales aportes fue propiciar el diálogo entre la historia reciente y la historia de las emociones, reuniendo especialistas de diferentes instituciones y disciplinas.

La política también está llena de emociones

La investigación parte de una premisa que permite observar de otra manera la militancia de aquellos años: las personas no actuaron únicamente movidas por ideas o doctrinas. La indignación frente a la desigualdad, la pobreza o la injusticia también aparece en documentos y testimonios como una fuerza capaz de impulsar la participación política.

Al mismo tiempo, las organizaciones revolucionarias fueron espacios donde se construyeron amistades, relaciones de pareja, solidaridades y fuertes sentimientos de pertenencia. Incluso la promesa revolucionaria tuvo su propio lenguaje emocional, algo que Ruiz identifica, por ejemplo, en la presencia del amor, la ternura y el odio al enemigo en los escritos de figuras como Ernesto “Che” Guevara y Camilo Torres.

“Las emociones son gatillantes de la acción política. Eso no significa en ningún caso restarle validez o legitimidad, sino simplemente atender a la complejidad de la experiencia humana y no caer en estos binarismos entre razón y emoción”, sostuvo.

Para la académica UFRO, precisamente allí se encuentra uno de los desafíos de esta línea de investigación: incorporar con mayor fuerza la historia de las emociones al estudio del pasado reciente, un diálogo que, asegura, todavía está comenzando a desarrollarse.

Comprender antes que simplificar

Las jornadas también buscaron aportar a la formación de estudiantes de Historia, Periodismo y Bachillerato, promoviendo una aproximación crítica a procesos históricos complejos y evitando interpretaciones construidas exclusivamente desde categorías opuestas.

“Todo relato simplificador que busca la pureza, con buenos y malos perfectamente identificados, no nos sirve para la disciplina histórica. Comprender la complejidad humana nos exige construir pensamiento crítico”, planteó Ruiz.

Desde esa perspectiva, la académica destacó también el aporte que las humanidades pueden realizar frente a los desafíos actuales, especialmente en la puesta en valor de la educación pública, la democracia y los derechos humanos.

Las Segundas Jornadas permitieron así fortalecer redes académicas y avanzar en una línea de investigación que propone mirar la historia política desde una dimensión inseparable de la experiencia humana: las emociones que también movilizaron a una generación.

Glenda Merino Matus, Comunicaciones FECSH

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