La académica del Departamento de Trabajo Social protagoniza un nuevo episodio del podcast, donde aborda su investigación sobre los desafíos físicos, emocionales y sociales que enfrentan las mujeres una vez finalizado el tratamiento.
¿Qué ocurre después de que una mujer termina la quimioterapia, la radioterapia o una cirugía por cáncer de mama? La respuesta parece sencilla: comienza la recuperación. Sin embargo, la investigación desarrollada por Scarlet Hauri, académica del Departamento de Trabajo Social de la Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades (FECSH) de la Universidad de La Frontera y candidata a doctora, muestra una realidad bastante más compleja.
En un nuevo capítulo de “Más allá del paper”, iniciativa producida por el Núcleo Científico Tecnológico en Ciencias Sociales y Humanidades junto a la FECSH, Hauri aborda una etapa que muchas veces queda fuera de la mirada tradicional sobre el cáncer: qué sucede cuando termina el tratamiento y las mujeres deben retomar su vida cotidiana enfrentando secuelas físicas, emocionales, familiares y administrativas.
El podcast es conducido por el vicedecano de la FECSH, Dr. Manuel Ortiz, y la periodista Karen Campos, quienes en cada episodio conversan con investigadoras e investigadores para acercarse no solo a los resultados de sus trabajos científicos, sino también a las historias, motivaciones y experiencias que existen detrás de ellos.
Su trabajo aborda la supervivencia al cáncer de mama desde una perspectiva que trasciende el tratamiento clínico y pone el foco en la vida cotidiana de las mujeres. La investigación analiza las barreras que enfrentan una vez finalizada la fase activa del tratamiento y cómo la enfermedad puede transformar la percepción de sí mismas, sus relaciones, el trabajo, los cuidados y la manera de proyectar sus vidas.
Uno de los principales hallazgos es precisamente que el alta médica no necesariamente significa el término de la experiencia asociada al cáncer. Los tratamientos pueden dejar efectos secundarios de largo plazo, mientras permanecen el temor a una recurrencia, la incertidumbre frente a nuevos síntomas y la necesidad de controles periódicos.
“Hay una forma de ver la vida que se transforma completamente y que está directamente relacionada con esta patología inicial”, explica Hauri, quien señala que en los relatos aparece con fuerza una distinción entre un “antes” y un “después” del cáncer.
Mujeres que cuidan incluso cuando necesitan ser cuidadas
La investigación incorpora además una dimensión de género que permite observar cómo los roles tradicionalmente asociados a las mujeres continúan operando incluso durante la enfermedad. En los testimonios recogidos, algunas pacientes relataban que intentaron proteger emocionalmente a sus familias y evitar que hijos, parejas u otros integrantes de su entorno conocieran completamente sus temores y dificultades.
“Ellas están preocupadas de cuidar al otro”, explica la académica. Esta situación plantea la necesidad de avanzar hacia acompañamientos que no se limiten a los aspectos médicos, sino que consideren también dimensiones psicológicas, familiares y comunitarias.
Pero el estudio también encontró transformaciones que las propias mujeres valoran positivamente. Algunas comenzaron a dedicar menos tiempo al trabajo, generar espacios de recreación, realizar actividad física o simplemente permitirse experiencias que anteriormente postergaban. La enfermedad, en esos casos, produjo una reorganización de prioridades y una nueva valoración del autocuidado.
Una expresión surgida durante los grupos de discusión sintetizó de manera especialmente significativa esta transformación: “Yo soy amiga del cáncer”. Para Hauri, la frase no busca minimizar la enfermedad, sino expresar cómo algunas sobrevivientes reconocen que aquella experiencia, pese a su dureza, también produjo cambios importantes en la manera de relacionarse consigo mismas y con la vida.
Las dificultades de “navegar” por el sistema de salud
Otro aspecto central del trabajo apunta a las barreras que enfrentan las pacientes dentro del sistema sanitario. Hauri identifica dificultades tanto clínicas como administrativas: comprender coberturas, activar prestaciones, acceder a determinados tratamientos, saber dónde consultar o enfrentar derivaciones hacia otras ciudades son parte de una experiencia que puede incrementar la incertidumbre.
A ello se suman las secuelas que pueden permanecer después del tratamiento, como linfedema, fatiga, dolor o necesidades de atención psicológica. Según plantea la investigadora, cuando estos problemas son atendidos de manera fragmentada resulta más difícil que las propias pacientes relacionen determinados síntomas con las consecuencias de la enfermedad o sepan dónde buscar una respuesta adecuada.
Desde esta perspectiva, uno de los desafíos que plantea su investigación es avanzar hacia una comprensión de la supervivencia al cáncer como un proceso que requiere acompañamiento integral y continuidad en el tiempo.
Investigación y Trabajo Social con impacto en la sociedad
La trayectoria de Hauri también está marcada por su interés por la justicia social y el bienestar. Eligió Trabajo Social como única opción al momento de ingresar a la universidad y tempranamente comenzó a vincularse con la academia, desempeñándose como ayudante y participando en proyectos de investigación. Con el tiempo encontró precisamente en la generación de conocimiento una forma de vincular el desarrollo científico con problemas concretos de la sociedad.
Esa mirada se extiende a su labor docente y a su rol como directora de la carrera de Trabajo Social. Para la académica, formar futuros profesionales implica una responsabilidad que también la obliga a mantenerse aprendiendo, cuestionando conocimientos y generando espacios donde sus estudiantes puedan discutir y confrontar perspectivas.
El estudio sobre supervivencia al cáncer ha permitido, además, consolidar un trabajo interdisciplinario junto a profesionales de otras áreas, integrando diferentes perspectivas para comprender una problemática que difícilmente puede abordarse desde una sola disciplina.
Una mirada más integral después del tratamiento
Los resultados abren una discusión que trasciende el cáncer de mama y alcanza la manera en que se conciben los procesos de recuperación. Para Hauri, terminar el tratamiento activo no significa necesariamente que una persona deje inmediatamente de sentirse paciente ni que desaparezcan las consecuencias físicas y emocionales de lo vivido.
De ahí que plantee la necesidad de generar estrategias de acompañamiento clínico y psicológico más integrales, capaces de reconocer que la recuperación no siempre sigue un camino lineal. Su mensaje hacia las mujeres que atraviesan esta etapa apunta también a reconocer esa complejidad: permitirse sentir miedo o tristeza, pero también bienestar y gratitud; aceptar el acompañamiento de los demás y comprender que no siempre es necesario asumir solas el cuidado propio y el de quienes las rodean.
“Está bien no sentirse bien”, plantea Hauri, junto con destacar que también está bien sentirse feliz, contenta o agradecida, porque estos procesos no son lineales. Su invitación es a que las mujeres puedan mirarse con mayor comprensión, aceptar el apoyo de quienes las rodean y reconocer que “también está bien no poder hacerlo todo sola”.
Desde el Trabajo Social y la investigación interdisciplinaria, el trabajo de Scarlet Hauri pone así el foco en una etapa menos visible del cáncer: la vida que continúa después del tratamiento y los desafíos que todavía persisten cuando clínicamente la enfermedad ha quedado atrás.
Glenda Merino Matus, Comunicaciones FECSH





