Inicio / Entrevistas / “Hemos construido una gran Facultad, y eso hay que cuidarlo con prudencia y con trabajo”

“Hemos construido una gran Facultad, y eso hay que cuidarlo con prudencia y con trabajo”

El Dr. Luis Nitrihual, decano de la Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades de la UFRO, hace un balance de casi una década de transformaciones: más doctores, más postgrados, más pregrado, más investigación y una apuesta por el rigor académico como brújula en tiempos de crisis.

Las transformaciones se miden con evidencia y logros concretos. El Dr. Luis Nitrihual, escritor, periodista y profesor titular de la UFRO, no duda en afirmar el crecimiento que esta unidad académica ha tenido. Desde que asumió la conducción de la Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades (FECSH) —primero como parte de un equipo de dirección compartida con el actual Rector de la UFRO, el Dr. Juan Manuel Fierro, luego como decano titular—, los indicadores objetivos cuentan una historia de crecimiento sostenido.

“La facultad que hemos construido entre todos y todas es otra facultad en estos últimos años. En 2017 teníamos poco más de un 39 por ciento de doctores y doctoras. Hoy estamos cerca del 80 por ciento, y creciendo. Vamos a alcanzar fácilmente un 85 por ciento durante los próximos años. Una planta altamente calificada que debe darnos orgullo”.

Los años de acreditación de las carreras de pedagogía también mejoraron, y lo hicieron bajo estándares completamente nuevos, más exigentes, que se instalaron precisamente durante estos años. Nitrihual subraya que esa evaluación no es un autoinforme: son pares externos quienes miden, ponderan y evalúan. “Con estándares nuevos, muchísimo más acuciosos y desafiantes, aumentamos nuestros años de acreditación. Esta no es una evaluación que hagamos nosotros. Es objetiva, externa”, expresa.

Cinco doctorados y camino a siete

Uno de los desarrollos que más enorgullece a Nitrihual es la construcción de una sólida oferta de postgrado del más alto nivel. Esta cuenta actualmente con cinco doctorados; dos en proceso de acreditación y tres ya acreditados nacional e internacionalmente.

“En los próximos años la Facultad llegará a siete doctorados. Uno en Educación, que tuvimos y estamos reformulando. Ya hay una comisión de nuestro Departamento de Educación trabajando fuertemente ello, y otro en Humanidades, con colegas del Departamento de Ciencias Sociales y del Departamento de Lenguas, Literatura y Comunicación. Una Facultad con siete doctorados sería un orgullo para la región y el país. Esto no es casual: hay una masa crítica potente que los sostiene y esto se ha logrado gracias a un trabajo conjunto con los departamentos académicos”.

Ese ecosistema de posgrado es un logro que cruza a toda la FECSH. Nitrihual explica que sus efectos se sienten también en el pregrado: los mismos profesores que dirigen tesis doctorales son quienes hacen clases en las carreras de pregrado. “Se crea un círculo virtuoso. El conocimiento que genera un profesor o profesora a nivel doctoral impacta en la formación de nuestras y nuestros estudiantes de pregrado”, argumentó.

Investigación: de unos pocos a una comunidad

Si hay un cambio cultural profundo en la Facultad, es el que ocurrió en el campo de la investigación. Hace algunos años, la producción científica estaba concentrada en algunos y algunas académicas. Hoy, casi treinta postulan simultáneamente a Fondecyt —los fondos de mayor competitividad en Chile— cada año. No todos obtienen el financiamiento, pues son proyectos altamente competitivos, pero es un indicador de madurez institucional, de consolidación de un ethos de alta complejidad científica.

“Quiere decir que se ha consolidado un ecosistema de investigación. Los colegas sienten que en la Facultad hay espacio para desarrollarse en la investigación. En algunos períodos nos hemos convertido en la segunda o tercera facultad con más proyectos adjudicados. Eso no es casual: esas han sido decisiones estratégicas que hemos tomado como comunidad y que tienen como norte la excelencia”.

Las decisiones de contratación expresan esa estrategia con claridad. Cada nuevo académico o académica que ha ingresado a la Facultad lo ha hecho con un perfil nítido: doctores y doctoras con proyectos de investigación activos, publicaciones, redes internacionales y vínculos con el territorio.

Género: más allá del checklist

Uno de los aspectos que el decano Nitrihual relata y destaca tiene que ver con su política frente a la brecha de género en la jerarquización académica. En el sistema universitario, cuando un académico ingresa a la planta se le asigna una categoría. La práctica histórica era colocar a todos y todas en el escalón más bajo de su jerarquía, sin distinción.

Nitrihual y su equipo tomaron una decisión diferente: ponderar el historial de maternidad y cuidados al momento de jerarquizar el nivel.

“Una colega mujer que fue mamá, que pasó un tiempo sin poder publicar o adjudicar proyectos, está en desventaja objetiva con un varón que no pasó por esa situación. Lo mismo ocurre con quienes son cuidadores o cuidadoras. Estos criterios ya los aplica la Anid y, por tanto, la decisión tiene un fundamento objetivo. Es así como a las colegas que quedaron en categoría de asociadas, en vez de dejarlas siempre en el más bajo nivel, les ponderamos su curriculum, mejorando su nivel en la jerarquía. Aun así, pienso, que estos cambios deben ser estructurales en la Universidad. Algo debe cambiar en la Comisión de Nombramiento y Promociones de la UFRO”.

Un próximo gobierno de Facultad, quien sea el decano o decana, debiese proponer medidas concretas a nivel estructural. Avanzar en un gobierno que tienda a la paridad. No como cumplimiento de un requisito formal, sino como una apuesta genuina por abrir paso a nuevos liderazgos. “Se trata de fomentar espacios de liderazgo para que las y los colegas puedan expresar todas sus capacidades y potencialidades”, concluye el decano.

Gobernar en tiempos de tormenta: crisis y prudencia

Construir la facultad que tenemos ha sido desafiante. Nitrihual no esquiva el contexto: la Facultad que le tocó conducir junto a su equipo de trabajo, como parte de la universidad, arrastraba una crisis financiera severa. “La universidad que heredamos tenía un severo daño en las finanzas, la confianza y la gobernanza. Eso no hay que olvidarlo”.

Fue el actual Rector Juan Manuel Fierro quien tomó las riendas tras esa crisis institucional, apoyado fuertemente por los decanos y decanas de la época, entre ellos Nitrihual. “Yo no era directivo del gobierno universitario anterior”, precisa. “Tuvimos que asumir esa crisis con liderazgo a poco más de un año de iniciada la gestión, y ver cómo hacíamos para que nuestra Facultad sobreviviera a esta contingencia”.

Y, sin embargo, en ese marco adverso, la Facultad no se detuvo. Es la convicción de toda una comunidad la que sostuvo a la organización. Se siguieron contratando académicas con perfiles de alto nivel. Se siguió acreditando carreras y programas de postgrado. Se siguieron postulando y adjudicando proyectos de investigación, se mantuvo la productividad científica y se reforzó el contacto con al territorio.

El corazón de la universidad, argumenta Nitrihual, es la formación y la generación de conocimiento, protegerlo fue la prioridad número uno, especialmente en momentos de restricción y de ruido institucional. Su metáfora para explicarlo es directa: “Lo primero que teníamos que hacer era proteger a lo que nos dedicamos de manera fundamental. Y la protección pasa incluso por ser prudentes. Y la prudencia pasa a veces por usar la palabra donde hay que usarla y no mediante estridencias mediáticas que dañan tanto a la Facultad como a la Universidad”.

En esa línea, Luis Nitrihual plantea que un liderazgo universitario maduro sabe distinguir cuándo hablar, cómo hacerlo y cuando es necesario escuchar a otros y otras. Politizar la institución, sobreexponerla, convertirla en tribuna, es —a su juicio— un error estratégico que debilita lo que más cuesta construir: credibilidad y confianza académica. “Yo creo en una universidad pluralista y democrática, académica y responsable. Nuestro intangible es la generación de conocimiento y la formación de personas. A eso nos dedicamos de manera fundamental. Este ha sido el sello que hemos buscado imprimir a la gestión durante todos estos años”.

La universidad y el territorio: un vínculo que siempre existió

Una de las convicciones más arraigadas de Nitrihual es que la universidad en general y la UFRO como universidad pública, debe impactar en el territorio, no por decreto ni por etiqueta, sino por su propia naturaleza. Antes, dice, se llamaba extensión. Ahora se llama vinculación con el medio. El rótulo puede cambiar, pero la acción en el territorio siempre ha estado presente y lo seguirá estando.

Profesores de Historia y Geografía que visitan liceos para mostrar lo que investigan y acercar el conocimiento. Colegas de Trabajo Social dialogando en comunidades indígenas. Periodistas colaborando con radios comunitarias. Especialistas en lengua mapuche recorriendo territorios para preservar y revitalizar el mapuzungun. Especialistas en salud, medio ambiente y deporte contribuyendo a las políticas públicas. Psicólogas que trabajan con infancias vulnerables y así, un largo etcétera –indica Nitrihual– eso es la Facultad.

Pero aclara una distinción que considera fundamental: “La universidad no es una resolutora de problemas, no es una ONG. Es mucho más que eso. Hay grupos académicos que trabajan en los territorios con proyectos aplicados, y eso es valioso. Pero hay quienes estudian un escritor desconocido del siglo diecinueve y eso también es relevante. No todo debe tener un impacto directo y aplicado. La facultad contiene toda esa riqueza”, dice.

Y en ese contexto, hay desafíos que se consideran necesarios como parte de la identidad futura de la Facultad, como la creación de una escuela o centro de estudios de la cultura mapuche, que aborde en su integridad la lengua, la cosmovisión y la expresión artística.

“Ya hemos conversado con colegas especialistas en esa línea. La idea es crear una unidad orgánica al interior de la facultad que se dedique a eso. Ahí está también la identidad de la facultad. Va a requerir apoyo del nivel central y una inversión de recursos, pero estoy convencido de que la Facultad dará ese paso. Lo necesita para caracterizarse con mayor personalidad”.

El desafío que nadie tenía hace seis años: la IA y la formación del futuro

¿Qué hace una Facultad de Educación, Ciencias sociales y Humanidades, ante la irrupción de la inteligencia artificial? La pregunta no admite dilación, y Nitrihual lo plantea con urgencia: toda la oferta formativa hay que revisarla, sin excepción.

Un periodista debe manejar herramientas y estrategias de IA cuando salga como profesional. Un profesor, una psicóloga, una socióloga, una trabajadora social. Todas las profesiones, por tanto, toda nuestra formación, hay que revisarla durante los próximos años. Y cada vez hay que correr más rápido para responder a los desafíos. Esto debemos hacerlo unidos”.

En las pedagogías ya existe una comisión trabajando en un modelo de formación renovado. La Escuela de Pedagogía, además, estrenó reglamento orgánico actualizado. “La Escuela de Pedagogía no había sufrido modificaciones mayores en diez años desde su creación. Nuestra directora lideró un reglamento nuevo. Ahora estamos trabajando en un modelo de formación: ¿qué profesor/a queremos tener para los próximos cinco años? Eso no lo teníamos y hemos avanzado de manera decidida, así como en varios otros ámbitos”. Nuestras y nuestros directores de carrera han sido fundamentales en la búsqueda de este cambio de mirada.

A ese desafío tecnológico se suma otro estructural: los estudiantes llegan con déficits importantes en lectoescritura y en habilidades matemáticas. La solución que propone es construir una base de formación básica obligatoria para los primeros años.

“Es tan relevante para un estudiante aprender a resolver problemas, aprender a aplicar un instrumento en una comunidad, como lo es aprender a leer y entender textos de mayor complejidad. Ahí la Facultad tiene otra tarea, y es una tarea de nuestras disciplinas. Somos fundamentales en tiempos de la IA”.

Una visión de futuro: profundizar lo construido

Para Nitrihual, la conducción de una facultad no es un ejercicio de poder ni de visibilidad personal. Es, ante todo, un acto de servicio. Dedicarse a una facultad con la intensidad que exigen estos tiempos implica una elección de vida. Nitrihual la hizo consciente y sin ambigüedad: entregarse por entero a la institución es lo que el momento requiere. Y así entiende la conducción: transversal y democrática, siempre al servicio de la comunidad completa.

Pero ese compromiso no es individual. Lo que se ha construido en estos años no es obra de una persona ni de un equipo directivo: es el resultado de una comunidad que, con dificultades y en medio de la adversidad, decidió apostar por la excelencia. Académicos y académicas que siguieron investigando, publicando y formando estudiantes cuando las condiciones no eran las ideales. Equipos de servicio; auxiliares, profesionales, secretarias que sostuvieron carreras, doctorados y vínculos con el territorio sin bajar los brazos. Una facultad que demostró, en la práctica, que construir con rigor es posible incluso cuando el contexto no acompaña.

La mirada hacia adelante es clara y está anclada en lo concreto, señala el decano de la FECSH: la Facultad debe consolidar los doctorados y proyectarlos; revisar toda nuestra formación de pregrado a la luz de la inteligencia artificial y otros desafíos; construir una base sólida de formación básica; avanzar hacia un gobierno paritario genuino; crear el centro de estudios de la cultura mapuche; y hacer efectivo el compromiso legal de construir el edificio que la crisis dejó pendiente.

“Como en toda organización persisten desafíos, pero lo que hemos construido hasta aquí, debe hacernos sentir orgullosos: lo hemos hecho entre todos y todas”, concluyó Luis Nitrihual.

Glenda Merino Matus, Comunicaciones FECSH.

FECSH AL DÍA